Su gato lo mordió, y él enfermó. ¡Nunca habría imaginado que su enfermedad provenía de la Edad Media!

Si hay algo que aprendemos a la fuerza, es que no podemos descuidarnos con respecto a nuestras mascotas. Son muy cariñosas y nos encanta tenerlas cerca, pero son peligrosas a su manera y es importante que lo sepamos.

Ha habido muchos accidentes causados por animales, que si bien no los hacen para mal, igual ocurren y son muy perjudiciales para los humanos a quienes hieren. Los perros pueden transmitir enfermedades con sus mordidas, los animales callejeros pueden contagiar enfermedades de piel, en fin, hay que ser cuidadosos.

Si no estás seguro de que esto sea cierto, tenemos el testimonio de un hombre cuya vida casi se detiene por culpa de la herida que le propinó un gato. Suena exagerado que un pequeño gato pudiera hacerle tanto daño, pero lo que ocurrió no es lo que te imaginas.

Este hombre sobrevivió a una enfermedad muy complicada, que se generó por la mordida de ese animal. No sucedió porque el gato lo deseara, pero una simple mordida podía haber acabado con la vida de este hombre si él no hubiera buscado ayuda.

Nunca creyó que su animal de compañía pudiera hacerle tanto daño

Paul Gaylord sólo era un soldador que tenía un gato como mascota. Este gato solía ir de cacería de ratones de vez en cuando, y siempre regresaba a casa. Pero un día regresó muy enfermo, y cuando Paul trató de descubrir la causa, el gato lo mordió.

El gato falleció al poco tiempo, era evidente que algo había sucedido en su último paseo. Pero este no es el fin de la historia: Paul se dio cuenta de que la mordida del gato se había infectado, pero las consecuencias no eran sólo la tradicional fiebre.

Habían aparecido unas extrañas protuberancias en sus axilas, algo nada común en una simple infección. Paul decidió ir al hospital, en donde fue diagnosticado rápidamente. Pero la enfermedad que padecía sorprendió a todos los doctores que lo trataban: era la peste bubónica, la muerte negra.

Para salvarlo, los médicos lucharon con todas sus fuerzas. Tuvieron que amputar su pierna derecha y los dedos de sus manos, pues se habían tornado negros e inútiles, y sólo eran señal de que la infección continuaba extendiéndose. Cuando los órganos comenzaron a fallarle, encontraron riñones y pulmones artificiales que lo mantuvieran con vida.

Paul estuvo luchando contra esa infección por 27 días, pero al llegar al hospital no pudo sino caer en coma. El trabajo duro de los médicos logró salvar su vida. Hoy en día Paul sigue viviendo en casa con su familia, ahora discapacitado y retirado. Tiene un perrito de compañía.

Su historia es un buen recordatorio de que no podemos dejar de ir al médico en cuanto presentamos cualquier síntoma de enfermedad, pues no sabemos cuándo podríamos estar padeciendo una enfermedad que erradicó sociedades enteras en la Edad Media.

Envía este impresionante relato a tus conocidos, para que estén atentos respecto a los peligros de las mascotas y que sepan que tienen que ir al médico cuando se presentan este tipo de enfermedades.