En el último suspiro de su padre antes de morir ella vio algo raro, 1 hora después pasó lo impactante

Una de las cosas que todos los seres humanos podemos llegar a experimentar con diferentes intensidades, es el amor. Este es el mejor sentimiento que cualquiera puede sentir.

Si nos tocara definirlo, no pudiéramos hacerlo ya que es una mezcla única de sentimientos totalmente incomparable. Lo mejor del caso es que podemos experimentarla hacia otra persona y de esa persona hacia nosotros.

Cuando logramos encontrar a esa persona que nos despierta ese sentimiento, no dudamos ni un segundo en querer pasar el resto de nuestras vidas con ella. Por lo que el matrimonio se convierte en el lazo de amor más grande de la relación.

Es una dicha cuando esto ocurre, ya que pocas son las veces en las que un matrimonio está totalmente lleno de ese amor incondicional, en el que se da el todo por el todo.

Cuando el amor llega no hay vuelta atrás

El casarse no es algo que le resulte imposible a una pareja, sino el mantener ese amor durante todo el matrimonio. Por eso es que vemos tantos divorcios.

Y es que las personas no están viendo el matrimonio como esa unión de amor, sino como un mero contrato, el cual puede romperse en cualquier instante. Algo totalmente lamentable.

El problema de esas personas es que, cuando ocurren pequeñeces en la relación, que pueden superarse, deciden renunciar a todo y acabar con el matrimonio.

Pero aún existen personas que le dan importancia al amor y al matrimonio. De eso trata la historia que te traemos a continuación:

Floyd y Violet Hartwig estuvieron casados cerca de 67 años. Al final de sus vidas su amor vivió el momento más duro.

Cuando comenzaron, ambos estaban en el colegio y allí se enamoraron.

Inevitablemente, decidieron unir sus vidas en matrimonio. Vivieron incluso la Segunda Guerra Mundial, donde Floyd tuvo que ir a servir.

Pero no por eso estaban separados, pues mantenían su amor mediante las cartas que se enviaban.

Una vez superado ese momento tan duro para ambos, donde la distancia dolía y pesaba, Floyd regresó sano y salvo a su lado. Compraron una granja en California y allí crecieron sus tres hijos.

Al envejecer juntos, Violet fue afectada con demencia pero no por ello Floyd la dejó de amar, sino que cuidó de ella.

Cuando el día de partir de este mundo llegó, ambos estaban juntos y enamorados como si aún estuviesen en el colegio.

Él murió a los 90 y ella a los 89, agarrados de la mano hasta el último respiro.

Sus nietos y bisnietos estuvieron en el final de sus vidas, con ellos. Ese amor incondicional quedó grabado en sus memorias así como en sus ADN.

Te dejamos un vídeo para que conozcas más sobre su historia: